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Con el corazón enredado

Hace tiempo me topé con esta analogía que me pareció muy interesante: «Las redes sociales son como tiendas, hay unas en las que puedes comprar y hay otras en las que no puedes hacerlo porque son muy caras y exceden tu presupuesto». Cada cuenta tiene «su mercado».

A veces visitamos o seguimos cuentas cuyos «productos» o «estilos de vida» son inalcanzables. Sin embargo, así como no podemos comprar en tiendas caras, podemos darnos el «placer» de observar. Y eso hacemos. Seguimos cuentas donde todo parece imposible para un «simple mortal» nada más por el gusto de entretenernos. Estás en todo tu derecho de hacerlo, pero me gustaría comentarte algo importante. En el momento en el que seguir una de esas cuentas o influencers te hacen sentir menos, pobre, poco inteligente, mal padre, gordo, feo, poco espiritual, entre otras cosas, entonces tienes un grave problema que puedes resolver de dos maneras. Puedes dejar de seguirlas, o bien, poner los pies en la tierra y no idealizar lo inalcanzable ni envidiar lo que los demás tienen. Porque el problema no está en ellos, el problema radica en tu corazón.

Aterricemos

Ciertamente las redes sociales no dicen toda la verdad, incluso cuando los influencers se muestran «vulnerables», suele ser toda una mercadotecnia para ganar más adeptos. No quiero generalizar, habrá algunos que sí sean sinceros y se muestren humanos, pero realmente una gran parte las vidas, fotos e historias que vemos en las redes no son la mitad de como las pintan. Esto es una verdad que tienes que saber al seguir una cuenta. No todo es «miel sobre hojuelas» y no todo es tan bonito y perfecto.

Saber esto te ayudará a aterrizar tu mente y tu corazón a la realidad y a lo que realmente importa. No digo que las redes se tienen que llenar de tristeza y amargura; me encanta ver publicaciones de felicidad y belleza, pero tengo que saber que no todos los días son así, que la mayoría del tiempo la vida no será «glamurosa», que a veces el desayuno no será tan fitness y mega orgánico, y tu cabello no será «de revista». Seamos honestos, cuando hacemos estas cosas, ¿lo hacemos por bienestar o por cumplir con expectativas que vimos en las redes? No hay nada de malo con lo modesto y lo sencillo; de hecho, la Biblia nos exhorta a ello, sabiendo que nuestro valor se encuentra en Cristo y no en las cosas materiales.

Cómo desenredarse

¿Qué hacemos si tenemos un «corazón enredado», un corazón atrapado por las redes y agobiado por lo que ve todos los días en el celular? A continuación te comparto tres tips que te ayudarán a no caer en envidia, tristeza, comparación o frustración:

  1. Guarda tu corazón.

«Por sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque de él mana la vida» (Proverbios 4:23, NVI). ¿Qué significa guardar el corazón? Consiste en tomar decisiones y hacer todo lo que sea posible para tener un corazón emocional y espiritualmente sano. ¿Cómo lo logro? Sé inteligente e identifica con qué cuentas o personas tiendes a sentirte comparado. Tal vez sea sabio y oportuno dejar de seguirlas por un tiempo, hasta ser capaz y maduro para seguirlas de nuevo sin que te afecten. Si lo haces, ten cuidado de no hacerlo desde una actitud de amargura, pensando que ellos están mal, sino reconociendo que es un problema que radica en ti.

  1. Identifica tu pecado

Como comenté al principio, el problema no es de los influencers, es nuestra humanidad caída y pecadora, nuestro corazón engañoso. Para iniciar un proceso de madurez emocional será sumamente importante responsabilizarnos de nuestros errores y pecados. En el momento en que los identifiquemos y nos hagamos responsables, entonces podremos arrepentirnos, entregarlos a Jesús y pedir ayuda del Espíritu Santo para que sigan creciendo sus frutos en nosotros.

Así que, identifica y actúa en arrepentimiento y fe. Si sientes envidia por alguien que es más delgado que tú, analiza de dónde viene esa emoción, talvez descubras que la raíz es la falta de amor propio; pide perdón y recibe la ayuda del Señor. Si sientes frustración porque alguien avanza a pasos agigantados en sus proyectos y tú no, identifica la raíz de tu frustración, pide perdón al Señor y pídele contentamiento en cada etapa, paciencia y sabiduría.

  1. Ama al Señor por sobre todas las cosas

«“Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser y con toda tu mente” —le respondió Jesús—. Este es el primero y el más importante de los mandamientos» (Mateo 22:37-38, NVI). Si lo amamos a él, lo tenemos todo. Si enfocamos todo nuestro corazón, nuestra alma y nuestra mente en Cristo, no habrá cabida para la frustración, comparación o envidias que puedan provocarnos las redes sociales. Ni las redes sociales ni ninguna otra cosa le ganarán a la plenitud que tenemos en Cristo Jesús, Señor nuestro. Sólo él es completamente suficiente.

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