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¡No huyas de ese conflicto!

Como pastor, debo reconocer que una de las cosas que más trabajo me cuesta es enfrentar los conflictos. Vaya que estos abundan aun en el cuerpo de Cristo, y constantemente me siento tentado a «hacerme de la vista gorda», descansando falsamente en la idea que al hacerlo, estoy siendo un pacificador como Jesús.

El reconocido autor y especialista en salud emocional, Peter Scazzero, escribe en su libro, «Espiritualidad emocionalmente sana», lo siguiente acerca del tema:

«La firme creencia de disimular las desavenencias o “poner un velo sobre ellas” para seguir a Jesús sigue siendo uno de los mitos mas destructivos que sobreviven actualmente dentro de la iglesia hoy en día. Por esta razón, las organizaciones religiosas, los grupos pequeños, los ministerios, las denominaciones y las comunidades siguen sufriendo debido a los conflictos sin resolver».

Parámetros en las Escrituras

Es verdad que la Biblia nos llama a «pasar por alto las ofensas». Sé que habrá momentos cuando sea muy difícil o hasta imposible tener un diálogo reconciliador entre las personas en conflicto, y es nuestra responsabilidad ir delante del trono de gracia para buscar la sanidad emocional. El mismo evangelio nos guía hacia el camino de la cruz para morir a nosotros mismos, obrando en semejanza de Cristo para perdonar y ser libres de amargura sea cual sea el resultado de nuestras conversaciones.

Pero también encontramos en las Escrituras muchos otros ejemplos de cómo enfrentar los conflictos aun entre cristianos. Por ejemplo, en Mateo 18:15 Jesús enseña que «Si tu hermano peca contra ti, ve a solas con él y hazle ver su falta. Si te hace caso, has ganado a tu hermano» (NVI). Otro de los ejemplos más claros lo enseña el apóstol Pablo a la iglesia de Éfeso: «Por lo tanto, dejando la mentira, hable cada uno a su prójimo con la verdad, porque todos somos miembros de un mismo cuerpo» (Efesios 4:25, NVI).

La razón de hacer frente al conflicto

¿Por qué es tan importante armarnos de valor y enfrentar los conflictos? Porque al hacerlo, no solo te estás librando a ti de un daño mayor; como bien lo comentó el Dr. Scazzero, esto no sólo afecta a las personas en conflicto, ¡puede dañar y dividir a toda una congregación!

Debemos estar conscientes que muchas personas evaden el conflicto actuando como si nada hubiera pasado, cuando en realidad, en el interior, siguen emocionalmente dañadas. Es posible disimular con nuestra apariencia y nuestras palabras, pero aquellos sentimientos que experimentamos en la soledad revelan la verdadera condición de nuestro corazón.

Es cierto, ¡el enfrentar el conflicto es como como cruzar por un campo minado! Pero la dificultad de dicha actividad no es una excusa para evadir nuestra responsabilidad. Cristo nos ha dado una mente redimida; contamos también con la sabiduría de la Palabra y con la ayuda del Espíritu Santo. Él nos enseñará a saber cuándo hablar y cuándo callar, nos ayudará a no responder con nuestra carne y nuestro orgullo, y nos ayudará a encontrar el momento oportuno para hablar y a ser introspectivos para reconocer nuestras propias faltas guiándonos al arrepentimiento.

Sé que no será sencillo, probablemente enfrentar el conflicto será incómodo, ¡pero vale completamente la pena!

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