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¿Te gustan los regalos?

¿Te gustan los regalos?

La época navideña es un tiempo de diversas tradiciones; algunas muy antiguas, otras nuevas, muchas de ellas causadas por la modernidad y el consumismo.

Todos tenemos nuestras partes favoritas de la Navidad. Hay quienes amamos los villancicos o las películas navideñas, hay quienes disfrutan el clima fresco y sentarse a la ventana a tomar algo caliente; muchos aman decorar su casa o probar todos los sabores especiales que vienen con la temporada. Hay un sinfín de cosas que disfrutar en estos tiempos.

El regalo más importante

No obstante, hace poco escuché a alguien decir que lo más importante que podíamos celebrar de la Navidad eran los regalos. Y yo me preguntaba cómo podíamos celebrar los regalos, si era la tradición más consumista de la temporada, que nos desviaba de pensar en la familia, en las tradiciones y en lo que verdaderamente importa para enfocarnos en objetos sin valor eterno. Pero, mientras yo pensaba esto, escuchaba a esta persona decir que lo más importante de la Navidad era celebrar los regalos precisamente porque esta fiesta es acerca de un regalo, el mejor que cualquiera pudiera recibir.

Regalo de amor

Al escuchar esta explicación, no pude más que recordar que alguna vez algún maestro me había enseñado que para él la palabra «gracia» siempre significaría «regalo», puesto que era algo que habíamos recibido de Dios no porque lo merecíamos, sino porque nos amaba. Entonces pensaba en todos aquellos niños que año con año reciben regalos en los que sus papás pusieron mucho esfuerzo y dinero, se hayan portado bien o mal en el año, simplemente porque los aman y desean verlos felices. Fue cuando entendí que verdaderamente la Navidad era acerca de un regalo y, efectivamente, como me lo habían platicado, del mejor regalo que cualquiera pudiera jamás haber recibido.

En forma humana

Este regalo vino a nosotros en forma de bebé. Así es, algo pequeño, tan tierno y tan indefenso, y a la vez, algo tan poderoso, pues ese bebé cargaba en sus hombros la salvación de la humanidad entera. «Porque nos ha nacido un niño, se nos ha concedido un hijo; la soberanía reposará sobre sus hombros, y se le darán estos nombres: Consejero admirable, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz. Se extenderán su soberanía y su paz, y no tendrán fin. Gobernará sobre el trono de David y sobre su reino, para establecerlo y sostenerlo con justicia y rectitud desde ahora y para siempre» (Isaías 9:6-7 NVI). Algo tan pequeño cargaba consigo algo tan preciado y tan importante.

¡Fuera distracciones!

Sé que en esta temporada habrá muchas cosas que buscarán distraernos de estar agradecidos por este sacrificio tan hermoso, el que Dios en su poder y gloria, decidiera hacerse hombre y venir a la tierra por nosotros para salvarnos de nuestro propio pecado. «El cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz» (Filipenses 2:6-8). Pero, este sacrificio fue tan grande, que no podemos dejar que las distracciones que nos rodean nos alejen de tiempos de adoración en los que podamos dar gracias por tan gran tesoro que hemos recibido.

La salvación llegó al mundo por medio de este bebé. Y Dios decidió exaltarlo, darle gloria por tan grande sacrificio. «Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre» (Filipenses 2: 9-11).

Celebremos

Si en el cielo le es dada toda honra, ¿cómo no habremos de celebrarlo nosotros aquí en la tierra? Sobre todo en esta época en la que recordamos su nacimiento y sacrificio. Oro que en estos tiempos nos sea revelado el significado tan grande del sacrificio de Cristo, y que encuentre en nosotros corazones llenos de gratitud y gozo por lo que él ha hecho.

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