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Desde 1623 en los Estados Unidos se ha celebrado el Día de Acción de Gracias. Hace una semana se cumplieron 395 años de que los norteamericanos ponen esta fecha como una cita importante en su calendario. ¿Cuál es el secreto?, ¿mercadeo, constancia, tradición? Cualquiera que sea, siempre habrá razones por las que dar gracias, la Biblia lo dice en Timoteo 4:4: «Porque todo lo creado por Dios es bueno y nada se debe rechazar si se recibe con acción de gracias».

Pero, ¿qué pasa si la vida nos da limones? Pues ya no tenemos que comprarlos, más bien hacemos limonada para vender, abrimos un negocio, contratamos empleados, creamos una red de distribución de esta bebida, consolidamos nuestra marca en el país creando franquicias y diversificamos el producto.

No nos quejemos por lo que nos da la vida, demos gracias por lo que Dios nos ha dado y aprovechémoslo al máximo, pues muchas veces es más lo que perdemos por estar enfocados en lo que queremos y no agradecidos por lo que tenemos.

Quizás en este punto de 2018 hemos estado tan concentrados en lo que queremos que nuestra configuración mental ha entrado en caos; entonces la vida se nos vuelve un videojuego en el que no sabemos qué hacer y apretamos todos los botones esperando que pase algo. Las cosas no han salido como queríamos y nuestra vida depende de esa última jugada. Olvidamos que podemos reiniciar la consola y volver a jugar.

Este año no es el último, así como no lo fue 2012 con todo y su profecía maya. Si tenemos que reiniciar, ¡hagámoslo! Pensemos esto: si el videojuego fuera fácil, con seguridad no lo jugaríamos, no sería divertido. La vida tiene sus dificultades para entretenernos, si todo se nos hace fácil es porque estamos haciendo algo mal.

Dar gracias es un ejercicio obligatorio para poder alcanzar nuestras metas, de lo contrario cualquier cosa que logremos nunca será suficiente y viviremos condenados a la frustración.

Si la vida nos pone obstáculos, levantémonolos sobre nuestros hombros y hagamos cuatro series de diez repeticiones de sentadillas para tener esas piernas que nos propusimos en enero. Si seguimos sin empleo, seamos profesionales en redacción de hojas de vida. Si el amor no llega, recordemos que los enamorados sólo tienen el 14 de febrero para celebrar, nosotros los solteros, los 364 días restantes. Sea cual sea la situación siempre habrá razones para dar gracias. No podemos estar tristes porque en vez de traer el premio, la tapa de nuestro refresco nos dice que sigamos intentando, que la próxima vez ganaremos; a fin de cuentas no lo compramos por eso, sino porque teníamos sed y nos ha saciado.

Si el pueblo de Israel no se hubiera cansado del maná, otra hubiera sido su historia. Pero al igual que ellos, nos cansamos rápido y perdemos la oportunidad de descubrir algo más grande acerca de Dios.

Cuando no damos gracias nos volvemos tercos y Dios no tiene más remedio que llamarnos «pueblo terco y rebelde» (Éxodo 32:9, NTV). Quien nos impide dar gracias no es Satanás, sino nuestra terquedad, un enemigo interno que es nuestra propia mente porque conoce nuestras debilidades, pero la mejor forma de confundirla es dar gracias en todo tiempo.

Los norteamericanos no dejaron de celebrar su Día de Acción de Gracias aunque los impuestos estén por las nubes, el pueblo esté polarizado en dos bandos políticos, los incendios consumieron grandes áreas de California y aunque Trump sea el presidente. Algunos lo llamarán estrategia comercial, otros mera tradición, eso es lo de menos, lo de más es aprender de los que saben hacer ciertas cosas mejor que nosotros. No hay una mejor tiempo que hoy para dar gracias y volvernos los mejores en eso.

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