Primary Navigation

¿En quién está puesta mi esperanza?

En ocasiones, entramos en cierto club social, obtenemos algún empleo o recibimos un mérito como consecuencia de un buen trabajo o esfuerzo. Pero, hay otros momentos en nuestra vida en los que obtenemos algo no por nuestro propio conocimiento o nuestros logros, sino por la ayuda de alguien que conocemos en alguna posición de influencia. ¿Te ha pasado algo así? Haber logrado obtener boletos para un evento importante sólo por conocer a alguien que lo organizaba, haber conseguido un trabajo por la recomendación de un familiar que trabaja en esa empresa, etc. Cuando eso sucede, no es necesariamente por ser el mejor o el más capacitado que se obtiene el logro, sino por el beneficio que trajo el conocer a la persona indicada. En esto pensaba la última vez que leí el Salmo 73.

A veces estamos felices porque tenemos a alguien en nuestra vida en quien podemos confiar cuando tenemos algún problema, por ser una persona que siempre está ahí para nosotros, que tiene mucha influencia, mucho dinero, etc. Sabemos que esa persona nos puede ayudar cuando algo sale mal o nos puede conseguir algo que necesitemos. Pero en este Salmo, Asaf ,el escritor, descubre algo mucho mayor. Descubre que él tiene a alguien de influencia que no tiene superior, alguien que si está de tu lado para apoyarte, nunca te va a faltar nada. Asaf encuentra que ha hallado a alguien que le puede otorgar plena seguridad.

Al principio del salmo, el escritor se pone a pensar en lo bien que se la pasan los impíos y las cosas buenas que les suceden, por lo que cree estar siguiendo al Señor y cuidando su corazón en vano. Pero después habla sobre cómo al entrar al santuario del Señor, entiende lo que va a suceder con esas personas y recuerda su propia esperanza. «Con todo, yo siempre estuve contigo; me tomaste de la mano derecha. Me has guiado según tu consejo, y después me recibirás en gloria. ¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra»(Salmo 73 23-25). Asaf descubre una revelación importante.

No hay nadie en quien podamos confiar mayor que el Señor, no hay otra persona que nos pueda ayudar en momentos de dificultad y que podamos estar seguros de que vaya a saber y hacer justo lo que necesitamos. Pero en cambio, Dios nos mantiene siempre a su lado, nos toma de la mano, y nos guía por sus sendas. Al darse cuenta de esto Asaf, puede expresar que no hay otra cosa que desee en la tierra más que el Señor.

Esto no quiere decir que no tendremos problemas, pero tendremos a alguien que esté de nuestro lado para pasarlos. «Mi carne y mi corazón desfallecen; mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre» (Salmo 73:26). En él está nuestra esperanza y todo podemos soportar a su lado. Le pido a Dios que me permita entenderlo al entrar en su santuario, así como lo entendió Asaf, y así, poder clamar como él que no hay otra cosa en la tierra fuera de Cristo que desee, pues él es mi porción y mi esperanza.

El salmista termina diciendo lo siguiente, lo cual quisiera imitar en mi vida, acercándome al Señor y empapándome con su Palabra para poder llegar a las mismas conclusiones que quien escribe esto: «Pero en cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien; he puesto en Jehová el Señor mi esperanza, para contar todas sus obras»(Salmo 73:28).

Comentarios en Facebook


Publicidad
Blogs recientes

Lo ridículo no quita lo valiente

¿Me amas?

No somos un producto en serie

Vengan y vean

Gratitudología, la mejor ciencia de todas

¿En quién está puesta mi esperanza?

Que tus ojos no te engañen

Aprender a decir «gracias»

El verdadero liderazgo

Autosabotaje mental

Conéctate
Se el primero en conocer los nuevos posts.
Respetaremos tus datos
Comparte en tus redes
Facebook
Twitter
Pinterest