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Un corazón conforme al de Dios

¿Alguna vez has sentido que tu trabajo no es apreciado, que podrías estar haciendo algo más importante o qué nadie se fija lo que haces? No sé cómo se sentía David cuidando las ovejas de su padre, pero pudo haber estado en las filas del ejército de Israel con sus hermanos: era valiente y experimentado a pesar de su corta edad y pasaba los días defendiendo a sus ovejas de animales grandes y salvajes. Pero tanto su padre como sus hermanos lo menospreciaban, no sólo a él sino al trabajo que hacía; lo veían como algo insignificante, tanto así que cuando el profeta Samuel llegó para elegir y bendecir a uno de sus hijos, nunca pasó por la mente de Isaí que sería David el elegido, así que ni siquiera lo mandaron llamar. La buena noticia para David en medio de todo esto es lo que Dios le dice a Samuel en ese momento: «…la gente se fija en las apariencias, pero yo me fijo en el corazón» (1 Samuel 16:7b NVI). Dice la Biblia que David tenía un corazón conforme al de Dios, y mientras cuidaba las ovejas de su padre y obedecía en lo que le mandaban, mientras estaba solo en el campo con los borreguitos cantando alabanzas al Señor, ahí Dios lo vio, y le agradó su corazón. Entonces Dios decidió poner en alto lo que vio en lo secreto.

Muchas veces nos sentimos menospreciados o sentimos que lo que hacemos no es importante y nos desanimamos, pero sea cual sea nuestro rol en nuestros trabajos, en nuestro servicio a la iglesia, en nuestras familias, Dios no mira lo que nos toca hacer, sino el corazón con el que lo hacemos y él prepara los corazones limpios conforme al suyo para ponerlos en lugares altos, porque son esos los corazones que harán lo que él quiere, como dice Hechos 13:22: «Quitado éste (Saúl), les levantó por rey a David, de quien dio también testimonio diciendo: He hallado a David hijo de Isaí, varón conforme a mi corazón, quien hará todo lo que yo quiero».Precisamente por esa razón Dios había rechazado a Saúl como rey, porque no hacía lo que Dios quería que hiciera, pero la historia con David sería completamente diferente. Es por eso que en cualquier lugar que seamos puestos, es importante que recordemos hacer las cosas con un corazón correcto. Aunque nadie aprecie nuestro trabajo, aunque pongan sobre nosotros a alguien que creemos que no es mejor que nosotros, aunque estemos en un lugar lejos de las plataformas donde sólo Dios pueda vernos. Él sabe qué es lo mejor para nosotros, y su interés está en que nuestro corazón vaya transformándose conforme al suyo, no en que seamos alabados o si quiera apreciados en nuestras labores. ¿Y cómo es esto?

Para empezar, dice la Biblia que Samuel pudo ungir a David y el Espíritu Santo estuvo con él. Cuando nuestros corazones son conforme al de Dios, abrimos lugar para que el Espíritu Santo pueda reposar sobre nuestra vida. Además, Dios le dio favor a David en todo lo que hacía; tiempo después de haber sido ungido por Samuel, fue llamado al palacio real para tocar el arpa para el rey, y poco a poco fue ganando la confianza de Saúl, y en cada batalla, en cada cosa que ayudaba a Saúl, Dios estaba con él y lo bendecía. Cuando nuestro corazón es conforme al de Dios, abrimos lugar para que él pueda bendecirnos y darnos favor en las cosas que tenemos que hacer. David mismo escribió también, en el Salmo 24, que las personas de corazón conforme al de Dios podrán estar en la presencia del Señor, «¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en su lugar santo? El limpio de manos y puro de corazón; el que no ha elevado su alma a cosas vanas, ni jurado con engaño. Él recibirá bendición de Jehová, y justicia del Dios de salvación» (Salmos 24:3-5). También, dentro de las bienaventuranzas, Jesús dice: «Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios» (Mateo 5:8).

Tenemos tantas razones para anhelar un corazón limpio y puro, conforme al de Dios, y hay tanto que podemos ganar al buscarlo. Todos los días podemos pedirle a Dios, así como David le pidió en sus momentos de debilidad: «Purifícame con hisopo, y seré limpio; lávame, y seré más blanco que la nieve»(Salmos 51: 7). Y Dios, que es bueno y misericordioso con nosotros, no nos despreciará. «Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios» (Salmos 51: 17). Sigamos todos los días examinando nuestros corazones, y buscando ser de aquellos de corazón conforme al de Dios, que hacen lo que él quiere.

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