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¿De qué te vas a disfrazar?

“¿De qué te vas a disfrazar?” Esta pregunta será reproducirá hoy 31 de octubre una y otra vez en empresas, colegios y universidades. Será la introducción a interminables charlas que pondrán al descubierto ese superhéroe que nuestros compañeros o amigos soñaron ser, o a quien desean parecerse, por lo menos una vez al año.

Muchos cristianos también andamos disfrazados, no de Superman, Capitán América o Drácula, sino de gente común. Malaquías 3:18 dice que llegará el día en que Dios hará una diferenciación entre los que le sirven y los que no, o dicho de otro modo, según la Biblia: “entre los buenos y los malos”, Ezequiel 4:23 (NTV) dice: “Enseñarán a mi pueblo la diferencia entre lo santo y lo común… ”.

Es extravagante predicar con hechos el mensaje de amor, es insólito perdonar al que ofende, es inusual llevar sanidad a los enfermos (física, emocional y espiritual), es admirable ser generosos, es peculiar hablar de esperanza cuando abundan las malas noticias. Es verdad que la gente suele resistirse a recibir el mensaje del Evangelio, pero nadie puede resistirse al servicio.

Hoy se celebran los 500 años de La reforma de Lutero, no puede ser una mejor ocasión para recordar el día en que Dios salió de los templos a la calle para encontrarse con los que creían que no podían acercarse a Él o pensaban que Él quería permanecer lejos de ellos. La reconciliación entre ellos y Él es tarea nuestra y la realizamos mediante el servicio: “Porque la creación aguarda con gran impaciencia la manifestación de los hijos de Dios”, Romanos 8:19 (RVC).  

No solo Dios sino la creación en pleno, está impaciente porque nosotros actuemos de manera extravagante, como verdaderos hijos de Dios.

Por definición, disfraz es un artificio que se usa para desfigurar algo con el fin de que no sea conocido, también, una simulación para dar a entender algo distinto de lo que se siente. Estas dos descripciones nos explican por qué no podemos andar como cristianos disfrazados de gente común, y por qué esa popular frase que dice que un cristiano que no sirve, no sirve; tiene tanto sentido.

En un día como hoy, muchos quieren lucir como personajes que consideran superiores a ellos, superheroes, supervillanos, personajes con capacidades especiales o características que los hacen admirables. Pero un cristiano que no sirve se disfraza de un un ser sin gracia, de una persona común y ordinaria. “No sea así entre ustedes. Al contrario, el mayor debe comportarse como el menor, y el que manda como el que sirve”, Lucas 22:26 (NVI). Si queremos ser excepcionales debemos servir hoy más que nunca.

Usamos un disfraz cuando pretendemos ser alguien a quien admiramos, pero que al fin y al cabo, no podremos ser.

¿Quieres ser extraordinario, insólito, inusual, admirable, peculiar, no solo uno sino cada día del año? No necesitas un disfraz, decide servir y  seguir el ejemplo de uno que se hizo semejante a ti en todo: Jesús.

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